El hombre que nunca estuvo allí (The Man Who Wasn't There, 2001) de Joel Coen
Anteayer vi El hombre que nunca estuvo allí, noveno largometraje de los hermanos Coen, cineastas irregulares pero con prestigio crítico a pesar de ser tildados de postmodernos, manieristas y revisionistas, ahí es nada. Más datos, éstos relacionados con su última película: blanco y negro nostálgico obtenido a partir de un negativo en color, íntima relación con el universo de James M. Cain, excelentes interpretaciones del protagonista y de los actores de reparto (Frances McDormand, Michael Badalucco, Jon Polito...), personajes y situaciones clásicas: hombre inocente con mujer infiel en pueblecito tranquilo...
No había leído nada de la película porque pensaba verla y prefiero
siempre no cultivarme/contaminarme previamente. Al acabar la proyección, salí
del cine admirado por el cambio de registro de los autores, me pareció que
habían dejado el artificio, excepto mínimamente en la secuencia del accidente,
por la serenidad y la linealidad, el histrionismo por la contención, el
eclecticismo por una única y clara influencia. La interpretación de Billy Bob
Thornton la estimé como la asunción de la nulidad del personaje principal como
individuo, un ciudadano encajado en el engranaje social que ve su oportunidad
en un irreal negocio que posteriormente triunfa en manos ajenas, un hombre
elegido por su esposa como acompañante en el hogar, un padre frustrado que
deposita sus esperanzas en la hija de un vecino que intenta seducirlo, un ser
que cree salir del anonimato cuando un vulgar semanario le pide que relate sus
últimas horas en el país donde las últimas horas se relatan. El resto de
personajes no desentona con el principal: su mujer ansía el importante puesto
de jefa de administración en unos almacenes, su jefe es un héroe imaginario de
la Segunda Guerra Mundial que cede débilmente a un chantaje... hombres y
mujeres que nadie recordará dónde y cuándo estuvieron en cualquier lugar. Por
último, la fotografía en blanco y negro la reconocí, en un principio, como el
complemente perfecto a la dirección artística para llevarnos a los años
cuarenta; sin embargo, me fue calando como el tinte de las ilusiones del
protagonista, como el reflejo del estado anímico de un hombre no demasiado
lejano al extranjero Meursault.
Al llegar a casa leí las críticas, cené y me acosté. Ayer me levanté a la misma
hora que todas las mañanas y fui a la peluquería.
Comentario a la película El hombre que nunca estuvo allí (2001) de Joel Coen
publicado en la sección Cartas a Spectra del número 1999 de Cartelera Turia en
mayo de 2002.


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