Chikamatsu monogatari [Los amantes crucificados] (1954) de Kenji Mizoguchi
Hijo de un carpintero emprendedor que no dio en el clavo con sus negocios, Kenji Mizoguchi (Tokio, 1898 - Kioto, 1956) se fue de casa joven y trabajó como dibujante publicitario y guionista antes de convertirse en director. Poco a poco fue creando un estilo hasta anticiparse al cine moderno rechazando el montaje y el primer plano -desde el sonoro los sustituyó por la posición de los actores y el cuidado en el encuadre- y explorando magistralmente tanto la profundidad de campo como el reencuadre. Detallista, observó y nos mostró los mínimos detalles de cualquier escena mediante largos planos. Progresista, criticó las convenciones sociales y defendió la igualdad de derechos en una época y en un país en el que las mujeres estaban sometidas a los hombres.
Chikamatsu monogatari
(1954), literalmente Una historia de Chikamatsu y conocida en filmotecas
y televisión como Los amantes crucificados, es una de las últimas
películas de una amplia filmografía que abarca más de noventa títulos, perdidos
gran parte de ellos. Está basada en la obra Daikioji Sekireki (1715) que
escribió Monzaemon Chikamatsu (1653-1725) para el jorubi, el arte
teatral de marionetas, y se inspiró en un hecho real ocurrido en 1684. Chikamatsu,
llamado el Shakespeare japonés, fue el autor más importante de su era y no solo
se dedicó al jorubi sino que fue un renovador del kabuki, una forma de teatro
profano surgida en el siglo XVI en el que todos los papeles de mujeres eran
interpretados por hombres maquillados que elaboran los propios actores.
Ambientada en el Kioto del siglo
XVII, la película puede dividirse en dos partes, en la primera se desarrolla la
telaraña que produce la huida de los dos personajes principales, Osan y Mohei. Osan
se casa con Isum, impresor del calendario oficial del reino, para salvar la
fortuna familiar. Cuando su hermano necesita dinero para ocultar un desfalco
como no se atreve a pedírselo a su marido, lo hace a Mohei, empleado modelo que
está enamorado de ella. Mohei falsifica el sello oficial, pero, sorprendido y
delatado, Ishum decide entregarlo a la justicia. En un momento en que sale de
su encierro, en medio de una confusión, puede huir con Osan. Es aquí cuando
podemos decir que empieza esa segunda parte, en la que vemos distintos
episodios de la fuga hacia un destino inevitable ya prefigurado al principio de
la película cuando los personajes ven una procesión dos amantes que se
encaminan al patíbulo.
Mizoguchi explora con singular acierto en esta película la lucha entre el deber de acatamiento a la tiranía de las normas sociales y al escalafón de una sociedad medieval, el giri, y el libre albedrío del ser humano, el ninjo. Unas normas con las que el estricto impresor tiene sometida no sólo a su esposa, sino también a sus empleados, como a Otama que debe ser su amante por trabajar en su casa o a Mohei, su hombre de confianza, explotado sistemáticamente. Tampoco deja de reflejar la hipocresía de una sociedad en la que es imprescindible mantener oculta la huida de la esposa con su empleado para conservar su cargo y en la que la crucifixión los amantes no solo supone la aplicación de la descabellada ley vigente sino un medido para el acceso al poder de los rivales del impresor.
Llena de elegantes elipsis, la
película consigue la identificación emocional con el espectador gracias a
encuadres generales y medios, excelentemente matizados por la fotografía de Kazuo Miyagawa y la música de Fumio Hayasaka mediante la gestualidad
corporal, que no facial, en una especie de puesta en escena del ser humano, que
logra un intimismo y una emotividad difícil de igualar.
El lirismo de la película queda
de manifiesto en varias escenas entre la que destacaría el momento en que, cercados
por la guardia, Osan decide quitarse la vida para evitar el deshonor y Mohei le
confiesa sus sentimientos en una barca en un lago, y aquélla en la que, una vez
apresados, muestra la serenidad de los amantes ante su final, convencidos de
haber superado las limitaciones humanas.
Clasificación
They Shot Pictures, Don't They?: 989.



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